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La ciudad sin colores

Estoy volviéndome loco con estos pensamientos que agitan mi cabeza. Pienso que esta ciudad no tiene nada de magia, y debo escapar o morir de agonía. Busco lugares donde pasar el tiempo con un buen libro, y lo que encuentro solo son letreros luminosos, bares, discotecas, plazas llenas de gente monótona. Si encontrara un bosque silencioso, una pradera donde hacer un picnic, o un café sin burguesía, tal vez podría vivir humanamente. La única opción es mi cuarto de paredes anaranjadas y las malditas ventanas que de mañana dejan entrar los rayos del sol. A veces salgo a pasear, y todo me recuerda a su silueta. Pasa el carrito de los helados, un vagabundo tirado en el piso, y yo junto a ella en los columpios. No puedo cerrar este capítulo, aún conservo la factura de las rosas que le regalé y del champán francés que sabía asqueroso. Ella me llevaba galletas envueltas en servilletas rosas. Murió de un cáncer repentino. Yo no fui al hospital ni una sola vez porque ella me lo pidió, dijo que quería que la recordara sana y alegre. Una vez fui pero no logré pasar por la puerta, sabía que la vería entubada y con agujas por todas partes. Recuerdo sus vestidos de verano de colores pasteles, su cabello castaño y sus ojos brillantes.

Trato de pasar el tiempo leyendo pedazos de novelas y filosofía barata. Fumo un paquete diario de cigarrillos, y los viernes compro una botella de vodka. Por las noches escucho su voz, y siento sus manos acariciando mi rostro, en mis sueños me aconseja seguir adelante, le pido un beso pero se niega, argumentando que sus labios están demasiados fríos y podría congelarme. Dejé de visitar a mis amigos, no los necesito, apagué el celular y me cambié de apartamento. Tengo tres trabajos, reparto pizza porque me recuerda las veces que salíamos a caminar y pedíamos porciones con ingredientes extraños, también trabajo en un grupo de alfabetizadores, bueno no es trabajo porque no me pagan, pero me relaja, el otro es de chofer para un viejo loco que al parecer me quiere contratar como su sirviente, vamos al banco, lo llevo a comer, y a veces tengo que llevarlo al baño. Estuve estudiando en la facultad de Derecho durante dos años, pero vi que aspiraba a una vida aburrida como la de esos tipos altos y vulgares. Además, recientemente Amanda había fallecido y apenas podía comer. No fui al funeral, me despedí mucho antes, le di una rosa y ella me dio sus diarios. Por las noche los leo y lloro por las aventuras que escribió acerca de mí.

Tuve una que otra amante, pero no era lo mismo, me sentía solo y amargado, varias de ellas me dejaron por hablar de Amanda, y además que el sexo había perdido sentido, carecía de risas y colores, así que tiré todo por la borda. Mi mamá quiso contactarme para darme algo de dinero y presentarme algunas hijas de sus amigas, me negué y le dije que sus bromas eran de mal gusto. Sé que trata de ayudarme, pero esto es lo que quiero hacer. Me retraso en la renta, ando en motocicleta, es más una motoneta, pero de algo sirve, camino por la ciudad, visto camisas a cuadros, me tatúo dientes de león volando en el espacio con citas de Jorge Luis Borges, y no duermo por las madrugadas.

La vecina del piso de arriba tiene muchos gatos, a veces se posan en mi ventana, se lamen y me quedan viendo como si supieran lo que mi alma siente. En fin, todo me va bien.

¡Qué bueno Dariano! son elucubraciones que tienen mucho de sensatez cuando uno se atreve a escribirlas.Sludos amigo:AMAR.

Dariano: no sé si es autobiográfico o no; cómo me llegó ese estado de decidia y confusión por el que transita después de la pérdida. Nada conforma, nada es tan importante, con nada se goza. Sé lo que es, por eso lo comprendo bien. Está todo bien, como dice... es que así debe hacerse un duelo.
Me gustó mucho, muy bien escrito, muy natural como contándomelo en una charla de café.

Buen escrito amigo Dariano.Saludos,RAYMOND.

No es un cuento. Parece una reflexión, quizás Leedee tenga razón, es una catarsis. Sea lo que sea sirve para aflojar la muñeca, no te pasaré la mano por el hombro, no sería sincero y nada ganarías con ello.Un afectuoso saludo.

Caizán, gracias por tu sinceridad, no había podido editar, porque igual me pareció una reflexión. Ojalá esta versión sea mejor.

[center]La ciudad sin colores[/center]

Fue en marzo la última vez que hablé con Lucio. Nos vimos en un café. Parecía feliz, hablamos de todo un poco, no quería tocar el tema, pero él se adelantó.

-Sabes, estoy volviéndome loco con estos pensamientos que agitan mi cabeza. Pienso que esta ciudad no tiene nada de magia, y debo escapar o morir de agonía. Busco lugares donde pasar el tiempo con un buen libro, y lo que encuentro solo son letreros luminosos, bares, discotecas, plazas llenas de gente monótona. Si encontrara un bosque silencioso, una pradera donde hacer un picnic, o un café sin ricos pretenciosos, tal vez podría vivir humanamente. La única opción es mi cuarto de paredes anaranjadas y las malditas ventanas que de mañana dejan entrar los rayos del sol. A veces salgo a pasear, y todo me recuerda a su silueta. Pasa el carrito de los helados, un vagabundo tirado en el piso, y yo junto a ella en los columpios. No puedo cerrar este capítulo, aún conservo la factura de las rosas que le regalé y del champán francés que sabía asqueroso. Ella me llevaba galletas envueltas en servilletas rosas. Cuando se enfermó, yo no fui al hospital ni una sola vez porque ella me lo pidió, dijo que quería que la recordara sana y alegre. Una vez fui pero no logré pasar por la puerta, sabía que la vería entubada y con agujas por todas partes. Recuerdo sus vestidos de verano de colores pasteles, su cabello castaño y sus ojos brillantes-

Sé que no es fácil recuperarse después que tu novia se enferme y se despida para siempre. Lucio sabía reírle a la gente, contaba chistes, era el alma de las fiestas. No era mi intención que recordara esas cosas, pero él siguió con su desahogo:

-Trato de pasar el tiempo leyendo pedazos de novelas y filosofía barata. Fumo un paquete diario de cigarrillos, y los viernes compro una botella de vodka. Por las noches escucho su voz, y siento sus manos acariciando mi rostro, en mis sueños me aconseja seguir adelante, le pido un beso pero se niega, argumentando que sus labios están demasiados fríos y podría congelarme. Dejé de visitarte, a vos y los demás, no los necesitaba, apagué el celular y me cambié de apartamento. Ahora tengo tres trabajos, reparto pizza porque me recuerda las veces que salíamos a caminar y pedíamos porciones con ingredientes extraños, también trabajo en un grupo de alfabetizadores, bueno no es trabajo porque no me pagan, pero me relaja, el otro es de chofer para un viejo loco que al parecer me quiere contratar como su sirviente, vamos al banco, lo llevo a comer, y a veces tengo que llevarlo al baño.

Dejé la carrera de derecho porque vi que aspiraba a una vida aburrida como la de esos tipos altos y vulgares. Además, recientemente Amanda había fallecido y apenas podía comer. No fui al funeral, como sabaras, me despedí mucho antes, le di una rosa y ella me dio sus diarios. Por las noche los leo y lloro por las aventuras que escribió acerca de mí.-

Sí, me pareció extraño que no fuera al funeral, pero tenía sus razones y todos respetamos su dolor. Su mamá me pidió que lo visitara y lo sacara a pasear para que se distrajera, pero yo sabía que estas cosas no se tratan así, le di su espacio, por más amigos que fuéramos, deje de verlo varios meses. Seguí escuchándolo:

- Tuve una que otra amante, pero no era lo mismo, me sentía solo y amargado, varias de ellas me dejaron por hablar de Amanda, y además que el sexo había perdido sentido, carecía de risas y colores, así que tiré todo por la borda. Mi mamá quiso contactarme para darme algo de dinero y presentarme algunas hijas de sus amigas, me negué y le dije que sus bromas eran de mal gusto. Sé que trata de ayudarme, pero esto es lo que quiero hacer. Me retraso en la renta, ando en motocicleta, es más una motoneta, pero de algo sirve, camino por la ciudad, visto camisas a cuadros, me tatúo dientes de leones volando en el espacio con citas de Jorge Luis Borges, y no duermo por las madrugadas.-

Decía cosas que no lo identificaban, sabía que algo andaba mal, si no hubiera sido por que nos encontramos en el café, no sabría de su estado, temía que se suicidara, ya tenía que irme, y terminó diciendo, viendo al espacio:

-La vecina del piso de arriba tiene muchos gatos, a veces se posan en mi ventana, se lamen y me quedan viendo como si supieran lo que mi alma siente. En fin, todo me va bien.-

Como siempre él, educado, sabía que tenía prisa y debía irme, cortó la conversación, me pareció muy egoísta de mi parte, necesitaba de alguien que lo escuchara. En Julio me llegó la noticia de que se suicidó. Pobre Lucio, ni muerto va estar cerca de su Amanda, tal vez se encuentren en la eternidad, eso espero.

Sí. Hay un cambio evidente. Es un relato de vida. Me gustó, Te felicito.

;) es un buen escrito te falta mejorar en puntuacion pero esta bien..recuerda entrelazar la historia