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El escritor

[b]El Escritor.[/b]
Se confinaba diariamente en su pequeño estudio. Provisto éste de un escritorio con cientos de hojas desordenadas, un par de plumas, la infaltable taza de café y la caja de cigarrillos, una cómoda silla que a menudo hacia el papel de cama, una lámpara vieja, la ventana oculta en las azules cortinas de tela de feria, la biblioteca repleta de libros de los más variados géneros y autores y una pequeña estufa eléctrica que intentaba combatir el clima propio de agosto. Era ese estudio su más regocijante ambiente, aislado de toda persona que pudiese influir en sus pensamientos y sentimientos. Desde hacía más de ocho años Edgard comía, dormía y meditaba allí. Aguardaba, seria la palabra correcta para describir lo que él allí hacía, aguardaba la musa inspiradora para crear la historia que lo lance a la fama como autor de novelas en un principio, ya que al pasar el tiempo su obsesión aumento al punto de pretender escribir siquiera un cuento de niños, perdió la noción del tiempo. Estaba en el punto de casi olvidar el habla, solo escribía unas cuantas palabras y después de leerlas las desechaba. Encontrase él a esa altura de su demencia horrible hasta el más dulce poema. No se complacía con nada, fumaba constantemente, dormía y prácticamente no comía. Edgar no siempre fue así, como dije estos solo fueron sus últimos ocho años. Él nació hacia 1966, tuvo siempre una infancia favorecida por el lujo y el confort que solo el dinero puede dar. Nunca encontró el amor, quizá por ser un tanto apasionado en todo y es que esa era su más destacable atributo, se apasionaba de tal forma con lo que hacía hasta llegar al punto de la absoluta obsesión, siempre había logrado él lo que deseaba con este método. En la adolescencia soñó con aprender a tocar el piano de tal forma que lo hacía Beethoven. Se encerraba en un mundo solitario y tocaba su instrumento obstinadamente hasta lograr su objetivo. Esa fue su más grande pasión hasta sus 20 años, edad en la que tuvo que sufrir la trágica pérdida de sus padres. Heredo él desde entonces la fortuna que ahora posee. Producto de tal repentina libertad sobre su riqueza fue que comenzó a frecuentar burdeles, fiestas y demás lugares placenteros a su entender, también obtuvo con ello aquellos adeptos y magistrales amigos que solo el dinero sabe dar. Fue una noche de verano en un bar llamado “el refugio” junto a su amigo Oscar, típico bohemio amante del arte y con problemas de alcohol, que conoció a Marta, se encontraba ella sentada en una apartada mesa sumida en su mundo escribiendo en su cuaderno, su belleza lo cautivo rápidamente.
-¿Quién es?- le pregunto a Oscar sin apartarle la mirada.
-no lo sé, frecuenta este sitio desde hace poco, siempre solo y escribiendo, ve a hablar con ella.
Sin decir una palabra bebió lo que le quedaba de whisky y se dirigió con paso seguro a ella. Se sentó frente a la dama que seguía concentrada en su acción de tal manera que no noto la presencia del muchacho.
-hola. Le dijo con una vos seductora y al notar que ella no lo escucho repitió. Hola.
-ah, hola, ¿Qué? Contesto la mujer.
-no vienes muy a menudo a este bar ¿no?
-no, creo…
-me parecía, ¿Qué es lo que haces? Si no es indiscreción.
-escribo.
-ya veo, ¿una novela?
-¿Cómo lo supiste?
-lo supuse. Quizá fue la necesidad de lograr su interés o el intento de alardear que lo llevo a confesarle que él era un novelista también, a lo que ella respondió:
-¿en serio? Que gusto, soy Marta Duran. ¿Qué genero es tu fuerte?
-Edgar Crusoe, para servirle. No es por alardear pero soy bastante bueno desarrollando tramas de pasión. ¿Te gustan?
-una obra es merecedora de mi admiración no por su género si no por la forma en que el autor maneja las letras, la trama y la fluidez del relato. Pero ciertamente me siento más atraída por los textos de suspenso y misterio.
-esos también son de mi agrado, ¿Cómo se llama tu obra?
-aun no la he terminado, pero su nombre hace referencia a su personaje, Thomas, trata sobre la obsesión de un policía con un asesino que desconoce y lo llevara a la locura. Creo que será mi mejor obra.
-parece interesante, prométeme leerlo cuando termines. ¿Eres de acá?
-no, estoy viviendo en el hotel. Viajo muy seguido, me ayuda a inspirarme.
-admirable.
-y ¿Cuál es tu musa?
-eh… muchas cosas, pero te aseguro que ver tus ojos me llena de inspiración. Sonrió esperando una respuesta a su elogio.
-dime alguna de tus obras. Le respondió apartando su mirada y sonrojándose. Y a tal petición se vio obligado Edgar a confabular una larga lista de títulos y su trama.
-El ruiseñor, es sobre los pensamientos de un presidiario que recibe a diario la visita de dicha ave, La travesía, relata el viaje de un marino para rescatar a su amada, La lluvia, ese es más un poema. Tengo varios, pero son de los nombrados que más me enorgullezco.
-me temo que nunca aprecie tus obras. Me encantaría hacerlo.
-bueno tengo en mi humilde morada unos cuantos ejemplares ¿quieres ojearlos?
-hoy no, llevo prisa, debo terminar este libro en una semana ¿te gustaría traerme mañana algún trabajo tuyo?
-eh… sí, claro, mañana te traeré uno.
Siguieron conversando por largo rato mientras bebían, a cada palabra de ella Edgar se sentía cada vez mas hechizado. Llego el momento de despedirse, el muchacho había quedado inmensamente atraído por la escritora, se propuso obtener su afecto. Fue su constante obsesión hacia lo que deseaba que lo llevo aquella noche a encerrarse en su estudio para crear en menos de 24 horas un cuento capaz de agradarle. Su inexperiencia en el tema le hizo encerrarse en su mundo y genero esa noche unos cuantos cuentos que no terminaban de conformarlo. Escribía y escribía sin cesar para lograr el amor de la mujer. No durmió aquella noche. Al despertar recordó su cometido y desayunando tequila repitió el acto, carecía él de la fabulosa habilidad de crear historias, fumaba y meditaba sumido en un profundo deseo de lograr una trama digna de un escritor amateur siquiera. Escribió en su escritorio unas 20 obras de pocas páginas durante una semana. Olvido por completo su promesa de regalarle una obra suya a su querida Marta, se vio Edgar atrapado en su obsesión por agradarle que pronto se transfirió al deseo de crear una obra digna.
Paso en ese encierro, aislado de la sociedad enteramente. La única persona que contactaba con él era su mayordomo y solo para llevarle los cigarrillos, la bebida y la comida. Pronto comenzó a sentir la profunda y horrible frustración de no lograr su cometido, y producto de ello se refugiaba en la bebida, pasaba horas sentado en un rincón admirando hasta la cosa más simple de su estudio. Leyó sus 250 libros reiteradas veces buscando inspiración, creaba en su mente historias asombrosas, ideaba tramas de cada género y realizaba cuentos, novelas y poemas de éstas, pero ninguno la satisfacía.
Al pasar un par de años comenzó a sufrir el resultado de gastar su dinero sin proporcionarlo, abandono el negocio que le aporto tal fortuna, sus sirvientes comenzaron a marcharse al ver que no recibían paga alguna, solo su fiel mayordomo permanecía con él. Sus amigos y familiares se vieron privados de su compañía. Su aspecto era peor que el de cualquier mendigo, no se bañaba, dormía mal, pasaba inmerso en una embriaguez que parecía eterna, tomaba vodka, whisky y tequila como uno bebe agua, fumaba más de 40 cigarrillos por día y producto de tal adicción no dejaba de toser.
Tenía en su estudio, más de 400 cuentos de su autoría, pero ninguno era lo que buscaba. Había olvidado ya el motivo que origino el deseo de escribir. Meditaba constantemente, al punto de olvidar que afuera existía todavía el mundo, su imaginación parecía no tener límites, era asombroso, creaba una historia tras otra, novelas y poemas, los creaba él con una facilidad inigualable. Su lenguaje se había visto enriquecido al punto de que podía cantar versos describiendo la cosa más horrible y disfrazarla de algo tan hermoso como una flor.
Pasaron dos años más, 4 años llevaba aprisionado en su estudio, sin parar de escribir, había perdido la noción del tiempo, ignoraba el año, el mes, el día y la hora en que vivía. Su cabello sobrepasaba los hombros, su barba asemejaba a la de santa Claus, tenía un hedor insoportable a sudor y su aliento era alcohol y tabaco. El mayordomo ya ni le veía, dejaba su alimento, bebida y cigarrillos en la puerta para evitar contacto con tal desagradable persona. Había en su espalda una leve joroba producto de estar sentado durante horas en su escritorio, era delgado en demasía y sus dedos tenían ampollas de tanto escribir, había llegado al punto de que podía escribir a la misma velocidad del habla sin perder el encanto de una buena letra. Sus ojos estaban sumidos en un color rojo, tenía grandes ojeras y al caminar lo hacía en zigzag debido a su persistente embriaguez. Vivía él en su mente las más grandes aventuras, la más trágica historia de suspenso, la más dulce historia de amor y la increíble investigación para encontrar un asesino en serie.
Esta ahora después de 8 años parado frente a su escritorio, con más de 1600 obras literarias de variados géneros. Ya no buscaba inspiración, tenía en su mente mas historias solo contemplaba sus obras mientras escuchaba con profunda atención el latir de su corazón, intento fumar un cigarro, pero este le dio tal repugnancia que vomito. Vomito sangre, alcohol y un pedazo de pan viejo que había sido su almuerzo. Si, ahora estaba en bancarrota, el mayordomo lo seguía alimentando pero no por que fuese su trabajo, él había renunciado hacia un año, lo alimentaba por lastima. Contemplo el vomito un segundo y volvió al mundo real, se toco el pecho y noto que su corazón latía con mayor frecuencia, se asusto, salió después de 8 años de su estudio y bajo corriendo las escaleras, contemplo con profunda desilusión como la casa que poseía los más lujosos sofás, las más caros picazos, la más fina pintura y las más exóticas alfombras parecía ahora una pocilga de un pobre campesino que no tiene capital para comer siquiera. Se envolvió en una profunda ira, crujían sus muelas al contemplar tal descuidada morada, disparo un fuerte puñetazo a la pared, sus nudillos sangraban pero él no lo sintió, rompió lo que quedaba de la vajilla, quemo los trapos que simulaban ser cortinas y manteles, destruyo todo mueble y adorno que encontró mientras se veía sumergido en un llanto profundo, gritaba de furia, estaba enojado con sí mismo. Sintió una puntada en el pecho que lo arrojo al piso, miro de reojo un cuadro cubierto de polvo que mostraba a él, su madre y su padre hacia 10 años. Una leve sonrisa se dibujo en su rostro. Se levanto como pudo, recogió y ordeno cada uno de sus cuentos, novelas y poemas y los dejo sobre su escritorio, algunos en el suelo ya que eran demasiados. Se marcho de la casa con paso débil y dificultoso, quería ver el mundo. La luz del sol lo cegó por completo, el barrio había cambiado, parecía que se había ausentado largo tiempo, ignoraba él que estuvo encerrado 8 años, se dirigió a la avenida Dr. Cervantes, contemplo allí el viejo bar, sonrió y recordó en ese momento la belleza de Marta. Se volvió con la ayuda de un palo que hacía de bastón a su estudio, coloco en una gran caja todas y cada una de sus obras, se marcho devuelta al bar, al ver su dificultoso andar un hombre decidió llevarlo en su auto, Edgar no dijo una palabra, con la expresión de un niño que ve por vez primera una gran ciudad le señalaba el camino hacia el bar. Una vez allí se sentó en la apartada mesa que conoció a Marta. Espero durante 4 horas inmóvil, sin decir una palabra. A las 9:00 de la noche ella llego, tenía una computadora portátil, se le acerco y le dijo:
-disculpe, señor, soy escritora, necesito sentarme aquí para lograr inspirarme, preferiría que quitase esa caja de allí. ¿Podría?- él la miro, sonrió, observo la caja y sin apartarle la mirada, con inmenso esfuerzo, dijo:
-M… Marta… he traído aquí mis mas grandes obras, todas, todas son grandes obras porque fueron escritas desde el corazón, un corazón que muere. Como lo prometí un día. Aquí están, para ti.
-¿Quién eres?
-aagh…- se quejo mientras tocaba su pecho, producto de una puntada, esta vez mas fuerte. Yo- prosiguió- soy… Edgard, el escritor.
[b] FIN.[/b]

Estimado Tobin. Intuyo que eres muy joven. Sigue escribiendo, cuando te animes, comienza a corregir, pero no dejes de escribir. Poco a poco lograrás más concisión. Es un hermoso camino, no lo dejes. Un cordial abrazo.

Hola Tobin. Como ya te comenté, tienes muy buenas inspiraciones y tus temas despiertan la atención.Toma en cuenta los comentarios de Caizán y LEEDEE.Ellos tienen mucha experiencia en esto de escribir cuentos.Por mi parte, te recomendaría que escribas algunos ensayos cortos.Eso te suelta la pluma y te hacen concretizar las ideas.Después, comienza a extender tus escritos, pero siempre léelos con "autocrítica".Saludos y espero seguir leyendo tus inspiraciones:AMAR.

Tobin, muy buen tema, pero puedes tratar de mejorarlo si concretizas un poco más.Recuerda que lo importante no es escribir mucho, sino pasar el mensaje preciso y entendible.Te recomiendo que despues que tengas el escrito, lo leas y trates de mejorarlo.Saludos,RAYMOND.

TOBIN: voy a obviar la falta de acentos y las frases largas como filas de jubilados, sin puntos aparte, con pocas comas, etc.etc.
Quiero obviarlos para dedicarme al centro de la cuestión: es una trama fantástica, en el sentido de muy buena, una historia en la que todos los escritores podríamos reflexionar. Nos damos el tiempo para idear un tema, lo escribimos en borrador, lo pulimos, corregimos y mostramos? O nos obsesionamos con alcanzar la obra maestra y nos perdemos el vivir? Creo que este relato de los tres que leí es el que más sustancia tiene para seguir trabajándolo. Es MUY interesante, de verdad.
Se ve que lo escribiste de un tirón, como si lo contaras en voz alta. Ahora a poner los espacios y punto aparte, cuando lo leas y sientas que hay que respirar.
Eso es lo que puedo decirte de este escrito: respirá, para que podamos respirar y leamos una maravilla. Un abrazo

Hola Tobin.No te voy a criticar, solamente a aplaudir las ganas con las que has arrancado.Excelente¡..,pero toma en cuenta los comentarios que te hacen estos manejadores de la pluma y el verbo y podrás mejorar continuamente.Sigue así.Tienes muy buenos temas.Saludos,Rayo.

Tome en cuenta las criticas y los consejos para mejorar la narración. sé que todavía me falta para escribir algo realmente bueno (estos son mis primeros cuentos). todavía soy joven, 18 años, y espero mejorar con el tiempo. Me gustaría que lo releyeran y me den su opinión, ya que eso me ayuda bastante. Muchas gracias a todos.

El Escritor.
Se confinaba diariamente en su pequeño estudio. Provisto éste de un escritorio, cubierto de ensayos y borradores, un par de plumas, la infaltable taza de café y la caja de cigarrillos, una cómoda silla que a menudo hacia el papel de cama, una lámpara vieja, una ventana cubierta por unas azules cortinas, una biblioteca, repleta de libros de los más variados géneros y autores, y una pequeña estufa eléctrica que intentaba combatir el clima propio de agosto. Era ese estudio su más regocijante ambiente. Aislado de toda persona que pudiese influir en su búsqueda de inspiración. Desde hacía más de ocho años Edgard comía, dormía y meditaba allí. Aguardar seria la palabra correcta para describir lo que él allí hacía. Aguardaba la musa inspiradora para crear la historia que lo lance a la fama como autor de novelas, en un principio, ya que al pasar el tiempo su obsesión lo llevo a escribir lo que fuese. Perdió la noción del tiempo. Estaba en el punto de casi olvidar el habla, solo escribía unas cuantas palabras y después de leerlas las desechaba. Estaba envuelto en una demencia- producto de la obsesión- que le hacía ver horrible hasta el más precioso poema. No se complacía con nada, fumaba constantemente, dormía y prácticamente no comía. Pero Edgar no siempre fue así, como dije estos solo fueron sus últimos ocho años. Él nació hacia 1966, tuvo siempre una infancia favorecida por el lujo y el confort que solo el dinero puede dar. Nunca encontró el amor, quizá por ser un tanto apasionado en todo lo que hacía. Y es que ese era su más destacable atributo. Se apasionaba de tal forma con lo que hacía hasta llegar al punto de la absoluta obsesión. Hay que admitir que ese método le daba resultado en todos sus proyectos. En la adolescencia soñó con aprender a tocar el piano al igual que Beethoven. Se encerraba en un mundo solitario y tocaba su instrumento obstinadamente hasta lograr la perfección. Esa fue su más grande pasión hasta sus 20 años, edad en la que sufrió la trágica pérdida de sus padres. Heredo
desde entonces la fortuna que alguna vez poseyó. Producto de su total libertad sobre su riqueza y su espíritu adolecente fue que comenzó a frecuentar bares, casinos, burdeles, fiestas y demás lugares placenteros a su entender. Consiguió rápidamente aquellos fieles e infaltables “amigos” que solo el dinero puede dar.
Fue una noche de verano en un bar llamado “el refugio”, junto a su amigo Oscar, bohemio amante del arte, las mujeres, el dinero y el alcohol, que conoció a Marta. Ella se encontraba sentada en una apartada mesa. Sumida en su propio mundo, escribiendo en su cuaderno.
Su belleza lo cautivo rápidamente.
-¿Quién es?- le pregunto a Oscar sin apartarle la mirada.
-no lo sé, frecuenta este sitio desde hace poco, siempre sola y escribiendo. Creo que no es de aquí.
Sin decir una palabra bebió lo que le quedaba de whisky y se dirigió con paso seguro en dirección a ella. Se sentó frente a la dama, que seguía concentrada en su acción de tal manera que no noto la presencia del muchacho.
-hola. Le dijo con una vos seductora y al notar que ella no lo escucho repitió. Hola.
-ah, hola, ¿Qué? Contesto la mujer.
-no vienes muy a menudo a este bar ¿no?
-no, creo…
-me parecía, ¿Qué es lo que haces?
-escribo.
-ya veo- dijo con una sonrisa burlona- ¿una novela?
-¿Cómo lo supiste?
-lo supuse. Quizá fue la necesidad de lograr su interés o el intento de alardear que lo llevo a decirle: porque soy novelista y cuando escribo me encierro en mi propio mundo, como tú ahora. A lo que ella respondió:
-¿en serio? Que gusto, soy Marta Duran. ¿Qué género escribes?
-Edgar Crusoe, para servirle. No es por alardear pero soy bastante bueno desarrollando tramas de pasión. ¿Te gustan?
-una obra es merecedora de mi admiración no por su género si no por la forma en que el autor maneja las letras, la trama y la fluidez del relato. Pero ciertamente me siento más atraída por los textos de suspenso y misterio.
-esos también son de mi agrado, ¿Cómo se llama tu obra?
-aun no la he terminado, pero su nombre hace referencia a su personaje, Thomas, trata sobre la obsesión de un policía con un asesino que desconoce y lo llevara a la locura. Creo que será mi mejor obra.
-parece interesante, prométeme leerlo cuando termines. ¿Eres de acá?
-no, estoy viviendo en el hotel. Viajo muy seguido, me ayuda a inspirarme. Pero este sito me agrado. Tiene algo que lo hace especial.
-admirable.
-y… ¿Qué te inspira al escribir?
-eh… muchas cosas, pero te aseguro que ver tus ojos me llena de inspiración. Sonrió esperando una respuesta a su elogio.
-dime alguna de tus obras. Le respondió apartando su mirada y sonrojándose. Y a tal petición se vio obligado Edgar a confabular una larga lista de títulos y su trama.
-El ruiseñor, es sobre los pensamientos de un presidiario que recibe a diario la visita de dicha ave, La travesía, relata el viaje de un marino para rescatar a su amada, La lluvia, ese es más un poema. Tengo varios, pero son de los nombrados que más me enorgullezco.
-me temo que nunca aprecie tus obras. Me encantaría hacerlo.
-bueno tengo en mi humilde morada unos cuantos ejemplares ¿quieres ojearlos?
-hoy no, llevo prisa, debo terminar este libro en una semana ¿te gustaría traerme mañana algún trabajo tuyo?
-eh… sí, claro, mañana te traeré uno.
Siguieron conversando por largo rato mientras bebían, a cada palabra de ella Edgar se sentía cada vez mas hechizado.
Llego el momento de despedirse, el muchacho había quedado inmensamente atraído por la escritora. Se propuso obtener su afecto. Fue su constante obsesión hacia lo que deseaba que lo llevo aquella noche a encerrarse en su estudio para crear en menos de 24 horas una obra capaz de agradarle. Su inexperiencia en el tema le hizo encerrarse en su mundo y creo esa noche unas cuantas historias que no terminaban de conformarlo. Escribía y escribía sin cesar para lograr el amor de la mujer. No durmió aquella noche.
Desayunando tequila repitió el acto. Carecía él de la fabulosa habilidad de crear historias. Fumaba y meditaba sumido en un profundo deseo de lograr una trama digna de un escritor amateur siquiera. Escribió unas 20 obras de pocas páginas durante una semana. Olvido la promesa de enseñarle su trabajo a la mujer que lo cautivo. El deseo de Edgar por conquistar a la mujer se convirtió en un obstinado deseo por componer una obra de su agrado.
Vivía en ese encierro. Aislado de la sociedad enteramente. La única persona que contactaba con él era su mayordomo y solo para llevarle los cigarrillos, la bebida y la comida.
Pronto comenzó a sentir la profunda y horrible frustración de no lograr su cometido. Producto de ello se refugiaba en la bebida. Pasaba horas sentado en un rincón admirando hasta la cosa más simple de su estudio en busca de inspiración. Leyó sus 250 libros reiteradas veces buscando alguna idea.
Creaba en su mente historias asombrosas, ideaba tramas de cada género y realizaba cuentos, novelas y poemas de éstas, pero ninguno la satisfacía.
Al pasar un par de años comenzó a sufrir el resultado de gastar su dinero sin proporcionarlo. Debido a su encierro había abandonado el negocio que le aporto tal fortuna. Sus sirvientes comenzaron a marcharse al ver que no recibían paga alguna. Solo su fiel mayordomo permanecía con él, más que nada por respeto a la amistad y el afecto que tenia con la familia. Sus amigos y familiares se vieron privados de su compañía.
Su aspecto era peor que el de cualquier mendigo, no se bañaba, dormía mal, pasaba inmerso en una embriaguez que parecía eterna. Tomaba vodka, whisky y tequila como uno bebe agua, fumaba más de 40 cigarrillos por día y producto de tal adicción no dejaba de toser.
Tenía en su estudio más de 400 obras de su autoría, pero ninguna era lo que buscaba. Había olvidado ya el motivo que origino el deseo de escribir. Meditaba constantemente, al punto de olvidar que afuera existía todavía el mundo. Su imaginación parecía no tener límites, era asombroso, creaba una historia tras otra, novelas y poemas, los creaba él con una facilidad inigualable. Su lenguaje se había visto enriquecido al punto de que podía cantar versos describiendo la cosa más horrible disfrazándola de algo tan hermoso como una flor. Ahora él podía escribir a la misma velocidad del habla sin perder el encanto de una buena letra.
Pasaron dos años más. 4 años llevaba aprisionado en su estudio, sin parar de escribir. Había perdido la noción del tiempo. Ignoraba el año, el mes, el día y la hora en que vivía. Su cabello sobrepasaba los hombros, su barba asemejaba a la de santa Claus, tenía un hedor insoportable a sudor y su aliento era alcohol y tabaco. Había en su espalda una leve joroba producto de estar sentado durante horas en su escritorio. Era delgado en demasía y sus dedos tenían ampollas de tanto escribir. Sus ojos estaban sumidos en un color rojo- producto del cansancio de su vista- tenía grandes ojeras y al caminar lo hacía en zigzag- debido a su persistente embriaguez.
El mayordomo evitaba verlo, dejaba su alimento, bebida y cigarrillos en la puerta para evadir contacto con tal desagradable persona.
Edgar vivía en su mente las más grandes aventuras, la más trágica historia de suspenso y la más dulce historia de amor.
Esta ahora- después de 8 años- parado frente a su escritorio, con más de 1600 obras literarias de variados géneros. Ya no buscaba inspiración, tenía en su mente millones de historias. Contemplaba sus obras mientras escuchaba con profunda atención el latir de su corazón. Intento fumar un cigarro, pero este le dio tal repugnancia que vomito. Vomito sangre, alcohol y un pedazo de pan viejo que había sido su almuerzo. Si, ahora estaba en bancarrota. Su mayordomo lo seguía alimentando pero no por que fuese su trabajo, él había renunciado hacia un año, lo alimentaba por lastima. Contemplo el vomito un segundo y volvió al mundo real. Se toco el pecho y noto que su corazón latía con mayor frecuencia. Se asusto. Después de 8 años salió de su estudio y bajo corriendo las escaleras. Noto con profunda desilusión como la casa que poseía los más lujosos sofás, los más caros picazos, la más fina pintura y las más exóticas alfombras parecía ahora una pocilga de un pobre campesino. Se envolvió en una profunda ira, crujían sus muelas al contemplar tal descuidada morada. Disparo un fuerte puñetazo a la pared, sus nudillos sangraban pero él no lo sintió, rompió lo que quedaba de la vajilla, quemo los trapos que simulaban ser cortinas y manteles, destruyo todo mueble y adorno que encontró, mientras se veía sumergido en un llanto profundo. Gritaba de furia. Estaba enojado con sí mismo. Sintió una puntada en el pecho que lo arrojo al piso. Miro de reojo un cuadro cubierto en el que estaban él, su madre y su padre hacia 10 años. Una leve sonrisa se dibujo en su rostro. Se levanto como pudo, recogió y ordeno cada uno de sus cuentos, novelas y poemas y los dejo sobre su escritorio, algunos en el suelo- ya que eran demasiados. Se marcho de la casa con paso débil y dificultoso. Quería ver el mundo. La luz del sol lo cegó por completo. El barrio había cambiado, parecía que se había ausentado largo tiempo- ignoraba él que estuvo encerrado 8 años. Se dirigió a la avenida Dr. Cervantes, contemplo allí ala viejo bar “el
refugio”. Sonrió y recordó en ese momento la belleza de Marta. Se volvió, con las pocas fuerzas que tenia, a su estudio. Coloco en una gran caja todas y cada una de sus obras. Se marcho devuelta al bar. Al ver su dificultoso andar un hombre decidió llevarlo en su auto. Edgar no dijo una palabra, con la expresión de un niño que ve por vez primera una gran ciudad, admiraba cada detalle de lo que alguna vez fue un pequeño pueblo mientras le señalaba el camino hacia el bar. Una vez allí se sentó en la apartada mesa que conoció a Marta. Espero durante 4 horas inmóvil, sin decir una palabra. A las 9:00 de la noche ella llego. Traía una computadora portátil, objeto que Edgar desconocía. Se le acerco y le dijo:
-disculpe, señor, necesito sentarme aquí para encontrar mi inspiración al escribir, preferiría que quitase esa caja de allí. ¿Podría?- él la miro, sonrió, observo la caja y, sin apartarle la mirada, con inmenso esfuerzo, dijo:
-M… Marta… he traído aquí mis mas grandes obras, todas, todas son grandes obras porque fueron escritas desde… el corazón, un corazón que muere. Como lo prometí un día. Aquí están, para ti.
-¿Quién eres?
-aagh…- se quejo mientras tocaba su pecho, producto de una puntada, esta vez mas fuerte. Yo- prosiguió- soy… Edgard, el escritor.
FIN.

Hola Tobin, tienes algo muy bueno:"Tomas consejos" y te preocupas por mejorar. Vas en el camino correcto.Sin embargo, para madurar se necesita tiempo y práctica.VAS BIEN.Con respecto al escrito, mejoraste ligeramente.Debes releer y "AUTOCRITICARTE".Se que es dificil, pero inténtalo.¡Tú puedes!.Saludos y adelante.