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DESPERTAR

DESPERTAR
Últimamente sueño mucho. Duermo poco o en tramos de dos horas, siempre sueño, es una especie de novela onírica en la que mezclo personajes de distintas épocas de mi vida, que nunca pudieron conocerse, solo en mis sueños y eso hace que sean pintorescos y me obliguen a buscar el porqué de esos encuentros atemporales. La verdad, nunca los he hallado.
La creatividad de las historias en las que intervienen personas que conocí, poco, mucho o nada, me deja siempre ahíto; pero algunas veces con ganas
de más, o queriendo despertar cuando el tema me desagrada, o me da miedo lo que va a ocurrir.
La duermevela, en la que a veces caigo, también es interesante. Muchas veces algo ocurre, lo siento real, lo vivo real y me despierto sentado en el borde de la cama, los pies en el suelo, recordando lo soñado como vivido; luego me doy cuenta de que no era real, solo una fantasía onírica.
El despertar, luego de un sueño agradable, siempre es nostálgico; uno quisiera prolongar la historia, que casi siempre queda trunca, sin un final completo y satisfactorio, parecido a un cuento con final abierto. A todos nos gustan las buenas historias con final feliz, sobre todo si somos intérpretes, principales o absolutos; sean románticas, eróticas o simplemente históricas, también pueden ser simpáticas o curiosas. Eso es lo bueno de los sueños: no tienen libreto previo ni son predecibles, aparecen y ya.
Todo este introito, viene a cuento por lo que me ocurrió ayer. Estaba en un lugar indescriptible por lo hermoso, por lo menos lo sentía así; estaba lleno de felicidad y no sabía el motivo, tampoco me interesaba saberlo, era feliz y punto. ¿Qué más se puede pedir? Lo vivía con una satisfacción plena, como si hubiera llegado a ese paraíso que todos tenemos en nuestro imaginario. Y lo importante: era consciente que no quería despertarme, deseaba que ese estado siguiera, in eternum.
En ese lugar paradisíaco veía algo que me llenaba el alma, no podría describir si era el lugar, que no tenía muy claro, o el entorno, que también era difuso; era una mancha, un borrón rosado en la bruma matinal, que me envolvía, me penetraba por ósmosis y me hacía ser parte de toda esa belleza; era como estar dentro de un cuadro, ser parte de eso que miramos y nos llena de emoción, sin ninguna explicación.
Esos son momentos mágicos, de los que no queremos salir, pero somos conscientes que la duermevela inspiradora nos preanuncia el despertar, desasosegado, nostálgico. Cuyo final, predecible, será la cotidiana y pedestre realidad.
¡Volvamos a soñar!
JSM

Hola, es verdad hay sueños de los que no quisieramos despertar los sueños nos llevan a lugares insospechados,épocas remotas o futuristas, con personas que no recordabamos o que no conocemos, situaciones que en la vida real no ocurrirían,y como soñar no cuesta nada, sigamos SOÑANDO!!!!

Así es Caizán, son reflexiones sobre los sueños.Creo que todos pensamos igual.Saludos,Rayo.

Este tema es muy amplio amigo Caizán.Tus notas reflejan ese sentimiento que queda luego de los sueños y reflejan una gran verdad, pero se puede reflexionar tanto sobre los sueños, que si recordamos a Calderón, podremos concluir coo él:"La Vida es sueño".
Saludos amigo y bienvenido, luego de esa larga ausencia.AMAR.