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Buen malentendido

Marisol no se había atrevido a confesarle a Raquel por las claras que se le abrasaban los ojos cada vez que la veía, y Raquel se negaba a admitir que gracias a Sol había terminado por convencerse de que le gustaban las mujeres. Ninguna sabía que el amor suele estallar tras una concatenación de malentendidos que sólo se resuelven cuerpo a cuerpo. Se habían conocido dos semanas antes, al inicio de un campamento de verano para quinceañeros que estaba concluyendo esa misma tarde con una fiesta en un salón donde el aire acondicionado refrigeraba a toda potencia.
Sol estaba convencida de que Raquel era una heterosexual sin remedio, así que daba por imposible despertar en ella atracción alguna. No obstante, se aventuró a jugarse el todo por el todo disparándole una insinuación a la desesperada:
- Me da la impresión de que te asustas de mí. ¿No será que, como me llamo Sol, sientes miedo de quemarte si me acerco a ti?
- Aquí dentro hace tanto frío que voy a ponerme enferma –se excusó Raquel con una sequedad tan gélida que a Sol se le helaron las entrañas–. Voy a salirme un rato de la fiesta a ver si en el patio se está más calentito y se me pasa la tos.
- Ha cogido frío y se ha salido de la fiesta para no ponerse peor –contestó Sol a una chica que le preguntó por Raquel–. Estaba tosiendo y se ha sentado en el patio a ver si allí se le pasa.
- Con el frío que hace en esta fiesta parece que Raquel se ha resfriado y, como no quiere ponerse peor, ha salido al patio a ver si se le quita la tos –comentó la chica a uno de los muchachos, el cual no tardó en cotillearle a su compañero de litera:
- Raquel anda resfriada y, además, parece que se ha emocionado con la fiesta de despedida. Así que se ha salido al patio y se ha sentado al sol a ver si se despeja.
- Raquel está emocionada con la despedida y ha salido a despejarse tomando el sol –relató el segundo muchacho en un corrillo donde se servía alcohol a escondidas–, porque no quiere que los demás nos pongamos tristes.
- De tanto que nos quiere, Raquel está tristona porque mañana ya no estaremos juntos, y le ha dado por tomar el sol hasta que se alegre un poco –soltó otro de los jóvenes a la benjamina del grupo sin parar de pegarle tragos a su copa.
- Raquel está triste porque nos quiere un montón y dentro de un rato ya nos separamos –exclamó la benjamina mientras bailaba agarrada a una botella–. Y, no sé cómo, le ha entrado el punto de ponerse a tomar el sol para ponerse más alegre.
- Raquel está bastante triste porque, dice, nadie sabe cuánto nos quiere –pregonó casi embriagado otro de los chicos–. Y está tomando el sol para intentar alegrarse antes de que nos separemos.
- Raquel está supertriste, antes de que nos separemos quiere decirnos que nos quiere con locura, pero no sabe cómo. Y por eso ha salido al sol, para intentar alegrarse –afirmó una muchacha bastante achispada.
- Raquel está casi llorando, porque quiere mucho a alguien y no sabe qué decirle ahora que nos vamos a marchar cada uno por su lado. Y se ha puesto a tomar el sol como una loca y está a punto de quemarse –aseveró medio beoda una de las adolescentes.
- Raquel está llorando porque quiere a alguien y no sabe si decírselo antes de que nos marchemos cada uno para nuestra casa –aseguró con la lengua trabada el promotor de la borrachera–. Y está como loca, que lleva ya un buen rato debajo del sol como si no le importara quemarse.
Finalmente, Sol, abatida y tiritando de despecho porque pensaba que no volvería a hablar con Raquel jamás, oyó a poca distancia de ella una voz ebria que chismorreaba:
- Por lo visto, Raquel no para de llorar porque se ha enamorado de alguien y no sabe cómo decírselo antes de que nos marchemos. Y está tan loca que se ha puesto al sol porque quiere quemarse.
La frase que acababa de escuchar atizó el último rescoldo de esperanza que aún no se le había apagado a Sol. Debía apresurarse porque ya los estaban aguardando los autobuses que habían de disgregar la pandilla devolviendo a cada cual a su lugar de origen. Así pues, Sol salió al patio, miró fijamente a Raquel, caminó hasta ella, se humedeció con la lengua el dedo corazón de su mano derecha, y acarició con él los dientes de Raquel. Con un chisporroteo de mariposas incendiándole el pubis, Raquel dejó de fingir, acercó su boca a la de Marisol, y se besaron con los labios ardiendo. O, al menos, algo parecido habían de contar a sus hijos en sus bodas de oro.

Hola Cuentoconvosotros, ¡Bienvenido!. Buena narración y en ella pones de manifiesto hechos que ya son cotidianos en la vida.¡Hay de todo en la viña del Señor!.En el final hubieras generalizado sin inmiscuir a los hijos.Por ejemplo:"Algo parecido tendrían que contar a las futuras generaciones en sus aniversarios siguientes".., solo una sugerencia. Saludos y ¡ADELANTE!.