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¡COBARDÏA!.

¡COBARDÏA!.

El joven muchacho, pueblerino, algo tímido, pero con muchos deseos de progresar, se había trasladado hasta la Capital del país, para comenzar sus estudios universitarios. Había movido cielo y tierra y todos los conocidos que disponía para tratar de ubicarse y lograr orientación al enfrentarse a la gran urbe, para él, desconocida y, posiblemente llena de peligros. Llegó una tarde, algo gris, amenazante de lluvia y llamó a un amigo para que le sirviera de guía y lo ayudara a conseguir las direcciones que traía para su colocación. Se reunió con el amigo y sin perder tiempo lo llevó hasta la dirección que tenía escrita. Estaba cerca del Terminal de Buses, donde se habían encontrado. Así, lo llevó con rapidez y ya, frente de la casa, tocaron el timbre y esperaron hasta que, detrás del portal, apareció la imagen de una señora, ya entradita en edad, quien los saludó e invitó a pasar.. Ya adentro, la Señora. preguntó:¿ Uds. vienen por lo de la habitación?.., ya tengo tus referencias. Me llamó su tía y se responsabizó por Gerardo. ¿Cual de los dos es?..., se oyó la respuesta:” Señora., soy yo. Me gustaría que me indique la habitación y si puedo comenzar a utilizarla. Aquí, en este sobre tiene los pagos iniciales. Ud. Me dirá si todo está correcto”.., Muy atenta, la señora les dice:”Muy bien, permítame revisar y mientras tanto, siéntense y espérenme aquí”. Al poco tiempo, regresa y le dice:”Bienvenido Gerardo, tu habitación te espera subiendo la escalera hacia el primer piso e inmediatamente a la izquierda. Está abierta, arreglada y muy limpia. Así espero que la conserves siempre. Otros detalles los hablaremos después que te instales”. Gerardo le agradeció, acompaño a su amigo hasta la puerta, se despidió y se puso a la orden para cualquiera eventualidad
Gerardo acomodó los pocos enseres que poseía y sus libros. Descansó y un poco más tarde bajó para acordar otros detalles. Le solicito permiso para estudiar en el pasillo que comunicaba hacia los cuartos, en un espacio muy adecuado para ello, donde había una mesita con su silla, mucha tranquilidad y ahí, de seguro, no molestaría a nadie. La señora aceptó y le puso como norma que nunca se quedara hasta altas horas de la madrugada, que lo ideal sería no pasarse de las 12:00am. Con todo acordado, comenzaron unas muy buenas relaciones, que después de un cierto tiempo, dieron sus frutos, pues llegaron a considerarlo como si fuera de la familia.
A todas estas cosas, se le sumó la presencia en el grupo de la hija de la señora.Jovencita muy hermosa, blanca, alta, de cabello negro y un cuerpo fenomenal, que en su comportamiento, estaba despertando a la vida, al descubrimiento de lo nuevo, de lo desconocido.
Así, en las noches, cuando Gerardo se ponía e estudiar, ella lo observaba desde su cuarto, con la puerta semiabierta y esperaba a que su mamá se durmiera para salir al pasillo, con una bata casi transparente que le demarcada su bello cuerpo y se dirigía muy parsimoniosamente hacia el baño, que estaba situado al final del pasillo. Allí, comenzaba a hacerse sus “toques de belleza” y terminaba con una espléndida ducha, que la refrescaba y la dejaba como florerilla cubierta de rocío. Luego, volvía a colocarse su bata, regresaba al pasillo en dirección hacia su habitación y pasaba un tiempecito con su puerta a medio cerrar. Gerardo observaba muy emocionado el regalo que la Naturaleza le ofrecía cada noche y sus pensamientos volaban hacia la Gloria y en ese intervalo, sus estudios eran solamente sus pensamientos, la visión de la hermosura y las sensaciones del deseo que le causaba tan deliciosa visión. En la silla, se movía tratando de buscar un ángulo más apropiado para que su mirada pudiera penetrar un poco más en el baño y ver, si en el espejo se reflejaba la imagen desnuda de lo que, en su pensamiento, era lo más hermoso que Dios le estaba brindando. ¡Dios! Cada vez era mayor el deseo que le despertaba aquella actitud, que no sabía si considerarla ingenua o incitante, pero que crecía cada vez más, al extremo de que se le convertía en obsesión y así, día tras día, llegaba corriendo de la Universidad para empezar a estudiar en aquel rincón, tan bien ubicado. Una noche, se le metieron ideas un poco atrevidas en su mente. Quiso ver como acercarse para ver el momento preciso en que ella se introduciría e la ducha. Calculó todo al milímetro y cuando llegó el momento, se levantó de la silla, y al comenzar a caminar, las piernas le temblaron, oyó voces, personas reclamándole su proceder.., y casi instantáneamente regresó a su silla y todo se le cayó. Al poco rato, le volvió el alma al cuerpo y vio, de nuevo, la juvenil imagen que le causaba sueños despiertos y que le obsesionaba el pensamiento, a tal grado, que ya no sabía ni como comportarse frente a ella. Era tanta la ilusión, que muchas veces sus sueños lo hacían volar hacia el Edén, a esos lugares de placer incalculable y de felicidad plena.., y era común que despertara para tomar una ducha que le permitiera limpiar sus sueños mojados. Así, transcurrió el tiempo. Siempre buscando una estrategia para propiciar el acercamiento y siempre con el miedo de actuar y no saber como podría responder a sus requerimientos. Un buen día, después de la consabida ducha, la imagen se convirtió en transparencia, no observó ropa intima bajo la bata y sus ojos se fijaron en un bultito oscuro, que se veía un poquito más abajo de la región del ombligo y que formaba como un triangulito hacia el centro de los muslos. Se puso sudoroso, sus ojos se voltearon, sensación de desmayo, suspiro profundo, efluvios incontrolados, desvanecimiento total.., Y de pronto, todo desapareció, pero la puerta seguía entreabierta y él con ganas inmensas por entrar, por volverse el lobo de la Caperucita,por probar el sabor de la carne fresca, por disfrutar el olor del ser deseado,por sentir el roce de la piel juvenil, llena de energía, sedienta de placer, por inventar el amor, por emprender un viaje a los recónditos parajes del placer, por conocer la gloria del más infinito sentimiento del vivir, por saber lo que es la Felicidad.. Cerró los ojos y al rato, todo había pasado, nada había sucedido. ¡Desilusión!.
Pasaron los años y aquello se hizo rutina. Siempre más de lo mismo, con sus variantes rutinarias, pero sin culminación efectiva. ¡Frustración!.
Y llegó el momento de la culminación de los estudios. Gerardo se graduó y tomó el camino de la profesionalidad. Tuvo que cambiarse de ciudad para comenzar a trabajar en una gran empresa, donde desarrolló su carrera. El tiempo, que no perdona, hizo que se le presentaran otros panoramas y terminó formando un hogar con una hermosa joven que conoció en esa empresa Un buen día, después de algunos años, Gerardo tuvo que realizar un viaje de negocios hacia la Capital y luego de desocuparse, decidió ir a cenar a un Restaurante conocido y que le traía recuerdos de su vida estudiantil. Por casualidades de la vida, entró una pareja con un par de bebitos y se sentaron en la mesa de enfrente. ¡Dios mío! La imagen otra vez. Abrió sus ojos admirado y recibió un cariñoso saludo. Era ella, ahora casada y con hijos, pero hermosa como antes.., solo que muy bien vestida. La saludó con gran efusividad y conoció a la pareja y padre de los niños.
Les solicitó cenar juntos e invitarlos y tuvieron una gran velada. En su pensamiento pasaron visiones del pasado y hasta exclamó para sus adentros”Esos niños pudieron haber sido mis hijos”. Se despidieron, luego de la cena, y cada quien tomó su ruta. Sin embargo, esa noche en el hotel, regresaron los sueños y al día siguiente, al notarse húmedo, volvió de un solo jalón a sentirse como en su tiempo de estudiante. Ahora, un solo pensamiento lo quemaba: “¡Por cobarde, no tuve lo que me inspiraba!”.

AMAR.

Como te comenté en el Rincón de la poesía..¡Qué buena narrativa!.Saludos,Rayo.

Gracias amigo Rayo, trataré de superar próximos relatos. Tus comentarios me enaltecen. Un gran abrazo:AMAR.