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AMOR VIRTUAL

AMOR VIRTUAL
Cuando bajó del colectivo ya no era él. Se quedó parado en la esquina, tratando de dominar sus nervios. No era fácil. A los 20 años, Hugo estaba yendo hacia una posible relación sexual; estaba asustado; era consciente que esa materia la debía, nunca la había rendido bien; no se podía mentir. Su ignorancia le daba miedo; no quería fallar.
Apretó contra su pecho el libro que llevaba en la mano: “las rimas de Bécqer”; cuando le dijo a ella que le parecía cursi; Norma le contestó:--Por eso te lo pido, no habrá dos en el local.
Levantó la cabeza e inició su marcha hacia el lugar de la cita: dos cuadras – se dijo – no se apuró, faltaba media hora.
Norma entró en su cabeza en cuatro meses de chat; comenzó en forma educada y romántica y terminó, el último mes, en una locura erótica; que llegó al paroxismo cuando recibió la foto, las fotos; close up,cuerpo entero, siempre vestida, casual o baby doll.
Pero luego en el chat, le contaba como se iba desvistiendo, cómo le gustaría que él estuviera allí. Y se tocaba, los dos se tocaban. Amor virtual, sexo virtual. Todos los días. Un descontrol total. Ël terminaba escribiendo con una sola mano.
Hugo plantó bandera. Le pidió una entrevista, para materializar estos encuentros virtuales. Tardó una semana en aceptar. Hoy era el día ¿Haría cima, plantaría la bandera?
Llegó al lugar de la cita, se sentó junto a la ventana; el fresco del lugar le bajó la temperatura corporal, pero el cerebro seguía acelerado, apoyó el libro para que se leyera el título. Aprovechó para mirar las fotos y recordar los textos del chat. Se volvió a acelerar.
Cerró los ojos, trató de poner la mente en blanco, se fue relajando, tranquilizando.
--¿Hugo?

¡Madre santísima! Frente a él, de pie: NORMA. Se quedó anonadado, no sabía que hacer, solo dijo:--sí.
Ella le pidió que no se levantara. Sonreía, en control de la situación. Ël solo miraba y no lo podía creer ¡Qué pedazo de mujer! ¡Igual que la foto! Cabello largo, negro, 1,70 metros y un cuerpo… ¡Igual que la foto! Hugo estaba empantanado, no esperaba que ella fuera ¡de verdad! Y era.
Tomó un sorbo de su bebida y llamó al mozo, necesitaba un ¡break! Como los boxeadores. Tenía que tomar distancia para poder decir algo; parecía una mariposa, encandilado por la luz de ese cuerpo y el aura que emanaba de su figura. Ella pidió un jugo de naranja natural y habló.
¡Dios santo! También habla.
--¿Cuántos años tenés, Hugo?
--Veinte, ¿y vos?
--Veintisiete.
--¿Ajá!-- Se le había secado la boca por los nervios, tomó otro sorbo y pensó algo inteligente para iniciar la charla, pero estaba bloqueado y ella le ganó de mano.
--Hugo, sentí que era mi obligación venir a verte y traerte tranquilidad…
---Hace cuatro meses—interrumpió él. Ella hizo un gesto para detenerlo. El sonido de su voz, cuando terminó la frase, se fue cayendo como una pluma en el aire:---que te espero--- Obedeció, hizo silencio, pero sus ojos le hablaban a su cerebro y éste a sus genitales.
-- Estuve a punto de no venir, recapacité y aquí estoy.
--¿Vos sos Norma, verdad?
-- Sí, la de la foto.
--¡Ah!—Volvió la esperanza.
--Pero no soy la que chatea con vos. Por eso vine.
La mandíbula de Hugo cayó sobre la mesa. Lo que viene no lo quiero oír, pensó.
--Tengo una hermana, treinta años, sobreviviente de Cromañón (*); síquica y físicamente, destruida. A través del chat trata de crear la vida que no puede vivir.
Cuando cae en una depresión su autoayuda es el chat, se inventa una vida para salir a flote; por eso le quitamos el acceso a internet y al teléfono
Antes tuvimos problemas similares. Nunca pensamos que tendría un iPhone, así se conectó con vos.
--¿pero…vos sos Norma, verdad?--- Se sentía a cuatro mil metros de altura, colgado de un peñasco, las manos se resbalaban, y sabía que cuando ella volviera a hablar, se caería, indefectiblemente.
--Soy Norma, la de la foto. Mi hermana usó mi nombre y mi foto. Yo no tengo nada que ver. Me pareció indecente lo que te hizo y por eso vine.
--¿Vos no…? – Estaba en caída libre. Aplicando la Ley de Newton.
--No, Hugo. No vine a buscar nada. Vine por que quiero que esto sea solo un recuerdo, sin adjetivo. Cuando tengas treinta años, te vas a sonreír. Los hechos comienzan siendo un drama y con el tiempo, se convierten en comedia.
Hugo escuchó todo esto con los ojos cerrados; iba cayendo, cuando llegó al pie de la montaña, los abrió.
No había nadie. Solo él y Becquer.
JSM
(*) Ver: Google.