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¡AMISTAD FUGAZ!

¡Amistad fugaz!

En el barrio, todos conocían a la señora que vivía, completamente sola, en la casa de la esquina de la primera calle. Ya rondaba la edad de oro, un poco anciana y la vida le había gastado la broma de dejarla en soledad. Sus hijos emigraron a otros países buscando un mejor futuro y su esposo, hacía muy escaso tiempo, había partido al más allá. Solo, de vez en cuando, se le veía una sonrisa al recibir una llamada del extranjero: sus hijos reportándose para saber de su salud y saludarla para darle alguna buena nueva. De resto, la soledad se la tragaba en aquella enorme casa, que otrora había poseído los destellos de un hermoso hogar, lleno de vida, de alegría, con una familia linda, formada por tres niños y sus padres. A diario, los jardines se impregnaban de la algarabía de los infantes jugando y sus progenitores celebrando sus peripecias. Se respiraba amor por doquiera. Pero el tiempo pasa y no perdona. Cada quien va tomando su propio rumbo a medida que crecían y enfrentaban su vida de adultos. Decisiones duras, pero irremediables. Así, los hijos se alejaron y la pareja quedó sola, hasta que un aciago día, le tocó la hora de pasar a mejor vida, a su cónyuge.
Ahora, al encontrarse con tanta soledad, no le quedó otra cosa que buscar algún entretenimiento. Así, empezó a distraerse arreglando su jardín, cuidando sus plantas, en especial, los hermosos rosales de diferente coloración y tipos de rosas. ¡Espléndidos!. Los vecinos, al mirar hacia aquel Eden, se asombraban de tanta belleza.
Un día, mientras cumplía su rutina, un pequeño gatito, se introdujo en la casa. Era de color amarillento, con unas rayitas blancas y de pocos meses de nacido. Se le acercó sigilosamente y logró tomarlo entre sus manos. Lo acarició y el animalito le correspondió. A partir de ese instante, ya no se le veía sola, siempre estaba acompañada por su mascota. Le puso por nombre: “Príncipe” y lo hizo parte de su Mundo. Ahora se distraía preparándole la comida, limpiando su aposento y en las tardes, se les observaba juntos, viendo la televisión. Ella, recostada en su enorme poltrona y el minino, encima de su falda, descansando soñoliento, recibiendo las caricias de su dueña.
Pasaron varios meses y la amistad creció. La señora se veía alegre, se le reflejaba una sonrisa cada vez que llamaba a Príncipe. Una tarde, mientras estaban disfrutando de un programa televisivo, se oyó el sonido de un cascabel, que pasó como flecha veloz, cruzando la terraza. Príncipe lo persiguió, brincó techos, saltó paredes y se fue tras del sonido melodioso que había alterado la tranquilidad del ambiente. ¡Esa noche no regresó!.
Al día siguiente, muy temprano, la señora fue de casa en casa, preguntando a sus vecinos si , por casualidad, habían visto a su gatito. Uno de ellos le dijo: “Seguro que anda con Cocotte, mi gatita, que está en celo. No se preocupe. Ese aparece pronto y regresará a su casa”.
Pero pasó el tiempo y Príncipe no regresaba. Así, le hizo cacería y logró atraparlo en el jardín del vecino. Lo llevó a su casa, lo acarició, le habló recordándole sus buenos ratos, le puso la comida que más le gustaba y después de eso, lo colocó entre su falda y comenzaron a ver la tele. Parecía que todo había vuelto a su normalidad. Ya entrada la noche, se fue a dormir, dejando a Príncipe en su aposento. Al otro día, el gatito brillaba por su ausencia.¡Resignación!, él verá si vuelve.
Así, pasaron varias semanas y un día oyó el timbre, se asomó y era su vecino, quien la invitaba para que fuera hasta su jardín y pudiera ver a la “Cocotte” con sus crías, acompañada del orgulloso Príncipe.
.-“Escoja el cachorrito que más le guste y viene a buscarlo en un par de semanas, cuando su madre lo destete”.
.-“Gracias, dijo la señora, pero no lo haré, porque después de un tiempo me pasará lo mismo que con Príncipe y no quiero volver a encariñarme con nada ni con nadie".
Se retiró, volvió a su casa, siguió con su rutina. Ahora, de tiempo en tiempo, recibe la visita de un galán, que se le aparece con una gatita…, que no es Cocotte, pero que también es vecinita. Pasan juntos un buen rato y después de una suculenta comida, vuelve a tomar su rumbo.
A la señora se le escuchó: “Bueno, al menos, me visita, me acompaña y me hace pasar un momento de distracción, aunque luego se vuelva a ir…, y lo hace con mayor frecuencia que las llamadas de mis hijos….,Ah, y siempre me trae nuevas amigas”.
AMAR.

Buena historia, AMAR que nos hace reflexionar qué pasajero es todo! Por eso debemos valorar cada momento de nuestra vida, con una persona, un animal, una salida o puesta de sol, una llamada de teléfono, una charla con una amigo/a. De seguro no vuelve a repetirse, por lo menos no de igual manera. Felicitaciones!. Ya me voy a hacerle cariños a mi gata amarilla con estrellas blancas que se llama Lilí Marlene: uno nunca sabe!

Oye LEEDEE, qué casualidad que tengas una gatita amarilla con estrellas blancas.¡Disfrútala!, los animalitos son increíbles. Gracias por tu comentario es muy acertado.Te saludo con especial afecto:AMAR.

Te escribo por vía privada.

Muy bien Caizán, nos comunicaremos.Saludos:AMAR.

¡Excelente!, me gustó muchísimo.Te sigo leyendo,saludos,Rayo.

Gracias Rayo, es un placer saber que te agradó.La idea es que, quienes nos leen, disfruten nuestros escritos y compartan nuestra inspiración.Te saludo afectuosamente:AMAR.

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