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CARTAS A CASANDRA XXV

Cartas desde mi infierno (20)

[i]“La hipersexualidad se caracteriza por una frecuente estimulación visual que hace que el individuo exacerbe su natural sexualidad hasta la adicción”. Wikipedia.[/i]

Donde desaguan, donde se vierten las hirvientes aguas sexuales que fluyen en ciertos momentos por mis venas desesperadas?, como, cuando, con quien?, que hago cuando irrumpen desde los oscuros socavones de mi mente las ansias impuras e incontenibles de ver, tocar, gozar un falo duro, de sopesar con mi mano sus suaves y tibios testículos, de apretar su tallo venoso y deslizar hacia arriba y hacia abajo su tierna piel, de descorrer su prepucio para que aflore el glande rosado, de piel brillante y tersa? Ese oleaje poderoso me arrastra a las rompientes de espumas y fuertes corrientes, y me dejo llevar incontinente por esas turbiedades, y como un zombi o un sonámbulo sin voluntad, solo llevado por su instinto más primario. Entonces entró en mis escondidos archivos de imágenes fálicas y con un disfrute sibarita, místico, gozador voy viendo uno a uno esos orgullosos miembros viriles previa y pacientemente seleccionados, los repaso visualmente un a uno en un deleite que hace erectar lentamente mi propia verga bajo el pantalón, hasta que elijo uno, y lo pongo en la pantalla completa. Es un miembro grande, no demasiado grueso, algo arqueado hacia arriba, está muy erecto, el prepucio un poquito arrebujado bajo la corona del glande que se presenta de un sensual rosado carnal, reluciente, con su delicada cubierta tensa por la potente erección, el tronco de piel un poco más oscura con sus venas sobresalientes por la intensa presión interna. Lo recorro con la mirada una y otra vez, observando sus mínimos detalles, los pequeños granitos en el borde inferior del balano, la trama de las venitas que suben por esa méntula majestuosa, el meato con sus breves labios, la textura del tronco, del prepucio y del glande. Todo sucede en un espacio tiempo ubicado entre la realidad y la fantasía, mis ojos-manos tocan ese falo como con temor, como algo prohibido, lo acarician suavemente para sentir su tersa superficie carnal, lo tomo y aprieto sintiendo su fuerza, su latido vital, me estremezco ante su dureza punzante, pene-trante, mi lengua lame mis labios imaginando como será ensalivar esa glande delicioso, mi florcita del sur late miedosa y deseosa a la vez ante la vívida visión-sensación de sentir ese mástil de carne endurecida punzándola, desflorándola, pene-trándola, violentándola hasta el grito de dolor-placer, abusándola hasta romperla-herirla en su viril virginidad, violándola y sifoneándola hasta verter en ella esa lava ardiente de su semen que se derrama y escurre por entre mis nalgas consumando mi obscena fantasía.
Tu Valmont, fantaseando.