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CARTAS A CASANDRA XXII

Cartas desde el paraíso (4)

CONEXIÓN

[i]“Señalemos, por último, que la expresión «mujer fálica» se utiliza a menudo, en sentido figurado, para calificar a una mujer que presenta rasgos de carácter supuestamente masculinos, por ejemplo una mujer autoritaria, pero esto sin que se sepa cuáles son exactamente los fantasmas subyacentes”. Diccionario Psicoanálisis.[/i]

Casandra, lejana amada siempre cerca, no sé si me lees, ni siquiera sé si abres estas cartas que te escribo desde mi infierno, y si las lees no sé si te asquean, te repugnan, te desagradan, o las lees con curiosidad o con la ternura y comprensión de una madre con un hijo que ha desviado su camino, no lo sé. Pero al escribirlas y mostrar ante tus ojos mis intimas y extrañas perversiones siento en mi ser esa cálida complicidad clandestina, esa tierna indulgencia que nace en el secreto de nuestro Amar, esa conexión indisoluble que nos une más allá de todo. Sé que si bien para ti esto ha de parecerte aberrante, de alguna manera tú me puedes entender y aceptar así, con mis defectos y virtudes, sin juzgarme, si no solo como observando mis raras exploraciones por las selvas del sexo. Sé que a pesar de tus desapruebos te interesa ir viendo como plasmo ante ti mi vivir. Tus breves palabras me dan esa conformidad, me confirman con dulzura que eras tú el ser ante el cual podía develar los laberintos y las cloacas por donde fluyen mis deseos. Sigo pecando, sigo inmerso en mi pervertida y anormal obsesión, sigo excitándome ante erguidos y carnales ídolos fálicos, ante sus erecciones majestuosas, no lo niego ni lo oculto ante ti, y es que no puedo evitarlo. No he podido llegar a saber el misterio de esta atracción obsesiva, no sé si es una envidia natural e instintiva por esos tamaños y grosores descomunales, o por esas erecciones tiesas, duras, potentes, en comparación con mi pene normal y quizás hasta pequeño, que ya no alcanza esas durezas orgullosas. O es un asombro atávico que nace desde lo más profundo de mi sexualidad, en esa área escondida del componente femenino que todos los machos tenemos siempre latente en el fondo de nuestro ser. O es el goce visual de oscuras e intensas sensaciones sensuales, que van más allá de lo masculino-femenino, donde los sexos se confunden en la búsqueda a como de lugar del incesante de placer físico, que por lo demás siempre he pensado que puede justificar las miserias y dolores de la vida. O por ultimo, porque un pene erecto es la mejor representación del poder masculino, machista, que se puede encontrar en la naturaleza, con su potencia pene-trante y creadora de vida asociada a las delicias del éxtasis que provoca el goce sexual. No lo sé, pero sigo explorando mis instintos para llegar a conocer este misterio y compartirlo contigo, y así consumar una vez más nuestra inalterable conexión en el Amar.
Valmont, tuyo desde el alma.