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CARTAS A CASANDRA XIV

Cartas desde el paraíso (1)

SOÑANDO A CASANDRA

[i]“Behind every masturbation, there si a successful imagination”. Anonimo.[/i]

Anoche fui a un sueño de ti y en ti, percibí tu cercanía tierna y dulce como un aleteo de mariposas, como un acurrucarme en el regazo de una madre que me incita instintivamente al incesto, pero después fueron palabras de tristeza y desencuentro, de oscura decepción, de vergüenza y dolor, me juzgabas con una crueldad de pesadilla, ya no me sentía en tu regazo maternal si no herido en lo mas intimo, ya no eras la cómplice, la amante distinta, la madre incestuosa, única, distinta, especial, ya no eras la que me había permitido sentirme tan cerca que era como si fuéramos amantes mas allá de lo físico, ya no eras la madre-amante, cómplice y tierna, me juzgabas según tu pensar, inflexible y dura, y yo, en el sueño, estaba seguro de que no lo merecía, sin embargo, sin tú querer tu sinceridad nacida del Amara me hería como una filosa daga envenenada. Yo entonces recordaba porqué había escondido siempre mi secreto de todos y de todas, lo había ido rumiando en mi soledad sin nunca atreverme a mostrarme ante alguien y que por un momento intuí que sí podía hacerlo ante ti, pero ahora supe que volvería a encerrarme en mi mismo con un caracol amenazado. Insististe en tus tiernos regaños, y te dije que yo podría estar toda una noche contigo, desnudos en el lecho, y solo te amaría con caricias y susurros, solo te miraría, te hablaría, te rozaría apenas con las yemas de mis dedos por todo tu cuerpo desnudo para despertar la fibras mas ocultas, intimas de tu sensualidad, sensualidad, no sexualidad, te iría llevando por los caminos del Amar mas puro, acallaría tus vehemencias con mis palabras, con mis cariños, y así amanecerías virgen otra vez. Y en mi sueño de ti soñaba hundirme en ti, en tu cuerpo, en tu aroma, navegar por tu piel sorbiendo tus néctares, deslizando mi lengua por cada rincón de ti, sentirme pequeñito a tu lado, y veía esas palomas de todos mis sueños, veía esos tetes de mi sed incestuosa, tu sonrías para mi, coqueta y hermosa. Y te dije que tu cuerpo me excita, me despierta, y veía ese ombliguito, tu cuerpo maduro, tu pelo y tu risa, y todo era como un amanecer, veía tu piel pálida, tus uñas, ese lunar entre tus palomas, se canalcito entre tus nalgas divinas y mis instintos bullían alocados porque me excitas mucho Casandra, me incitas deseos, me regalas el paraíso, y te siento intensamente como en un sueño. Y encopaba tus pechos, sentía su tibieza y suavidad, sentía esa lengua tuya en mi piel, e iba hacia en mis deseos, y tú te chupabas un dedito incitándome, y veía tu boquita sintiendo tu succión, y todo mi cuerpo latía excitado. Tu risa era como el sol que amanece en mi alma y no podía contenerme y me masturbaba deliciosamente, me masturba en ti, y tú en mi, yo era el que te tocaba, me sentía poseyéndote con toda mi ternura y sensualidad, veía tu rostro en goce y eras mía, mía, yo estaba ahí en ti penetrándote, te sentía mía, muy mía, toda entera, tu oculta florcita, esa sensualidad de tu pelo y tus manos, y tu sentías mi ternura y mis deseos en tu piel, te lamía entre tus nalgas, lamía tu cuerpo, lo ensalivaba humedeciéndolo en un espiral voluptuoso e incesante, y mi falo recibía tus caricias hasta que vi tu flor del sur y la penetraba hasta la eyaculación. Y ya al final del sueño veía la placidez en tu rostro, tu ojitos como con sueño porque habías sido mía, absolutamente mía y yo tu hombre, tuyo, porque el Amar nos habita. Ese fue el sueño de anoche en ti.
Tu Vizconde en sueño.