El Club Literario está parcialmente abierto en modo de lectura

CARTAS A CASANDRA XII

Cartas desde mi infierno (12)

[i]“Sobre una cierta inclinación masculina a exhibir atributos, hoy puedo espetar que, en el caso del pene, hay en nosotras más deseo de apropiación que de adoración”. Anne Cé.[/i]

Mis primeros juegos fálicos fueron cuando tenia unos 12 años más o menos, cuando recién se me comenzó a parar mi pichulita, por esos años en verano iba a la casa un primo de mi edad que se quedaba algunas semanas en verano, la cosa es que dormíamos en la misma cama, y ese verano comenzamos hablar de sexo y de la masturbación, aunque todavía no sabíamos mucho del tema. Recuerdo que comenzamos a masturbarnos juntos, mirándonos nada más, casi todos los días en la noche, y para calentarnos hablábamos de las vecinas adultas, de las madres de los amigos etc., de la tetas, de cómo le habíamos visto las piernas, y todas esas ingenuidades de niños calientes y por ahí fue que alguna vez ambos muy calientes comenzamos a punzarnos con las pichulitas en el ano del otro, pero no llegó a mayores, también a veces nos tocábamos mutuamente las vergas y nos pajeábamos el uno al otro. Pero nunca pasó nada más. Hasta ahora nunca vi eso como algo gay, eran solo juegos de machitos comenzando a sentir la picazón del sexo. Después de esos juegos iniciales no volví a experimentar nada fálico hasta los 42 años, la familia había viajado y yo estaba solo por el fin de semana. Llegó un amigo de la niñez que viviría en una ciudad cercana, venía a quedarse a dormir. Por coincidencia llegó también otro amigo que vivía en cerca de mi casa, era casado con tres hijo, éramos amigos de muchos años, desde la Universidad. Nos pusimos a tomar tragos y a conversar, el amigo de más lejos sabía que yo tenía películas porno e insistió en que las viéramos, yo no tenía muchas ganas pero al final instalé el vídeo en el living y nos pusimos a verlas. Como a la hora, el que se iba a quedar ya había tomado mucho licor y se fue a dormir. Con el otro amigo seguimos viendo un rato las películas porno, a mí no me calentaban porque nunca me gustó ver ese tipo películas con hombres, pero él si se calentó. De pronto me comienza a conversar de sexo, me preguntó si alguna vez lo había hecho con un hombre o si lo había pensado, le dije que no, que nunca me había interesado el homosexualismo, entonces me dijo si me gustaría probar, le respondí que no, que prefería a las mujeres. Al rato él estaba tan caliente que no se pudo controlar más y me dijo que a él le gustaría chuparme el pico, nada más, que lo dejara hacerlo. A mi me impresiono mucho porque jamás pensé que él tuviera algo de homosexual, le dije que no, que me sentiría mal hacerlo con él, pero él insistió ya medio descontrolado, me empezó a hablar que se imaginaba mi pichula durita en su boca, que me haría acabar rico… hasta que logró excitarme, además yo también había tomado unos tragos, así que nos fuimos al dormitorio, yo me bajé los pantalones y él también, me recosté en el borde de la cama y comenzó a chupárme la verga ya erecta mientras con su otra mano se masturbaba, lo chupaba muy rico y con ganas, me calenté tanto que no supe como alargué mi mano hacía él y le tome su pichula y comencé a masturbarlo. Al final acabamos casi juntos, yo en su boca y él mientras lo masturbaba. Fue mi primera experiencia homosexual. Nunca más hablamos de eso. Meses después cuando yo estuve separado y vivía solo él iba a mi departamento a conversar, hasta que un día me dijo que quería hacerlo de nuevo, pero yo me negué totalmente, y de ahí nos fuimos distanciando como amigos, hasta que por su trabajo se fue a vivir a otra ciudad, perdimos el contacto y hace muchos años que no sé nada de él.
El Vizconde intranquilo