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CARTAS A CASANDRA VII

Cartas desde mi infierno (7)

[i]“Con las joyas de oro y plata que yo te había obsequiado, hiciste imágenes masculinas, y con ellas te prostituiste ofreciéndoles culto.” Ezequiel 16:17
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Y ahora una breve explicación, me dices que te habló de un americano y en ese ayer de otro individuo, no amada, son el mismo, solo que antes no te dije su nacionalidad, no te di mas detalles pues me sentía muy mal con ese engaño al que te sometí. Nunca me lo voy a perdonar, creeré, solo me justifica el temor por mostrarme con mi verdadera personalidad e identidad, en ese tiempo de aun no te conocía como te conozco ahora, y como te conté cuando te dije mi verdad, venía saliendo de una relación virtual con una mujer a la que le había contado ciertas intimidades y ella llevada por terribles celos las expuso públicamente. Eso me dejó miedoso de exponerme sin conocer absolutamente a la persona en quien confiar. Además, como te he contado, cuando tú apareciste en mi vida yo estaba viviendo esa obsesión fálica con el miembro viril de Gilbert, y torpemente, lo reconozco, mezclé ambas instancias. También se dio que por ese tiempo yo no tenía cámara para hacerme fotos, y un punto no menor; llevado por esa fascinación por el pene como un ídolo (recuerdas?) encontraba que mi verga era pequeña y poco atractiva, comparada con la de Gilbert. Sé que esto que te he explicado no justifica mi engaño, pero es la explicación verdadera de mi actuar, además quiero que sepas que esa artimaña fue solo en las imágenes, todo lo que te decía, escribía, era sincero, mi Amar, mis deseos, mis ansias de ti, mi necesidad de tu cercanía, era reales y concretas, como espero habértelo demostrado durante estos años. Me dices en tu cartita que sufres no poder hacer nada que te permita luchar como mi potranca, amada mía, tú haces mucho por mí, ni te imaginas, tu me das el Amar, me das el deseo por ti con tu hermosas y eróticas imágenes, me ayudas vivir mis locas fantasías, me das el sexo que necesito y deseo, me comprendes y aceptas con mis virtudes y defectos, con mis quebrantos y obsesiones, me aceptas como soy a pesar que sé muy bien que mucho de mí va contra tus principios, contra tu moral y tu forma de ver la vida, ahora mismo, al leer mis cartas desde mi infierno y escribirme sobre ellas me das una indulgencia y tolerancia que nunca esperé encontrar, y todo esto que me lo das con la delicada ternura de tu Amar.
Tu Vizconde, muy tuyo.