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CARTAS A CASANDRA V

Cartas desde mi infierno (5)

[i]“Se volvía loca por sus amantes, cuyo pene es como el pene de los asnos y cuya eyaculación es como la de los caballos.”. Ezequiel 23:20[/i]

Ahí estaba frente a mis ojos enmascarados de falsa mujer un hermoso miembro viril, aparecía de perfil, imponente, majestuoso, no era desproporcionado como los que había observado con detalle muchísimas veces en Internet, no era irrealmente largo ni groseramente grueso, ni muy blanco paliducho ni de ese extraño café oscuro de los falos de negros. Era muy normal, quizás algo corto, muy parecido al mío. De tronco moreno pálido y de glande muy rosado, muy carnal, con el prepucio recogido bajo la corona del glande brillante, y bajo el unos grandes testículos, redondos y depilados. En su entorno tenía pocos vellos púbicos lo que daba una sensación de aseo y naturalidad. Entré en una pervertida y continua obsesión, recuerdo que lo observé muchas veces, y por largos ratos. Podía sentir su potencia masculina, lo veía como la esencia misma del macho, casi sentía en mi mano su erección, su rigidez, su fuerza poderosa y pene/trante. Me excitaba tanto mirarlo ensimismado que varias veces me erecté imaginando tenerlo apretado con mi mano y sintiendo las palpitaciones de su impetuosa musculatura varonil. Me estremecía voluptuoso ante ese falo real, verdadero, muy normal. Esa misma obsesión fálica me indujo a investigara y conocer más sobre los antiguos cultos fálicos, las estatuas, las figuras, la cerámica, los templos y las fiestas relacionadas con el pene. Nada de eso me excitaba, solo era mi curiosidad intelectual. También supe de cómo la simbología sexual estaba en todos los aspectos de la naturaleza y de la civilización, en publicidad, escondida en las formas de envases de perfumes o desodorantes, en la formas de torres y obeliscos, de monumentos y edificios, y también en la forma de los hongos, frutas, ramas o raíces de árboles o rocas erosionadas, aprendí que lo fálico estaba en todo, solo era cosa de buscarlo. El símbolo del príapo representaba la vida en su más potente expresión. A todo esto, Gilbert continuaba enviándome fotografías de su verga, de todas las maneras posibles, muy erecta, fláccida, chiquita y tierna, masturbándola, en acción penetrando o siendo mamada por alguna de sus amantes, colgando lacia o erguida en todo sus esplendor, se notaba claramente que él era un macho muy orgulloso de su miembro, y yo, como Linda, muy desvergonzada, lo alentaba en ese orgullo tan primitivo haciéndole ardientes y procaces comentarios sobre su verga y pidiéndole más y más fotos de ella. Las ultimas imágenes de su pene me las envió no hace mucho, a principio de febrero de este año, en dos de ellas aparece solo su miembro muy endurecido, en una erótico primer plano, era un intento de retomar nuestra erótica comunicación pero ya no le contesté pues hacía tiempo que habíamos caído en la rutina y yo había dejado de comunicarme con él. Pero mucho antes, en el periodo más álgido de esa relación, allá por enero del 2009, mi vida dio un vuelco inesperado pues apareciste tú declarándome tu Amo y Señor, y yo ungiéndote como mi esclava y doncella.
Vizconde, tu enamorado imposible.